Notificaciones de la Agencia Tributaria

En cierta manera, siempre nos da un vuelco el corazón cuando nos lleva un aviso de notificación de la Agencia Tributaria. De cualquier estamento de la Administración Pública en general, pero de la Agencia

Tributaria en particular. Siempre nos imaginamos y nos ponemos en el peor escenario, aunque no siempre sea así.

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NOTIFICACIONES_DE_LA_AGENCIA_TRIBUTARIA.pdf (boletinasesoria.com)

NOTIFICACIONES DE LA AGENCIA TRIBUTARIA

En cierta manera, siempre nos da un vuelco el corazón cuando nos lleva un
aviso de notificación de la Agencia Tributaria. De cualquier estamento de la
Administración Pública en general, pero de la Agencia Tributaria en
particular. Siempre nos imaginamos y nos ponemos en el peor escenario, aunque no siempre sea así.

En cualquier caso, la mejor opción no es nunca hacer caso omiso a las
mismas. Las sanciones por no atenderlas debidamente pueden suponer
importantes quebrantos a nuestra economía. Y, por otro lado, no siempre
van a suponer una inspección basta y profunda de nuestra economía. Muchas veces son simples comprobaciones, requerimientos informativos o
documentales, o simples comunicaciones.

Recordemos que, en función del tipo de personalidad jurídica que
tengamos, la obligatoriedad del canal para ser notificados es diferentes:

 Si somos persona física, ya sea autónomo con actividad, trabajador por
cuenta ajena, trabajador jubilado, etc… el canal obligatorio para
comunicarnos es el correo postal certificado. Cabe la opción de ser
notificados de manera electrónica, pero es una opción, no una
obligación o imperativo.

 Si somos persona jurídica (sociedades anónimas y sociedades limitadas, principalmente), estamos automáticamente suscritos, de alta, en el
sistema de notificación electrónica. Es decir, que no nos van a notificar
por correo postal certificado, sino mediante los procedimientos de
notificación electrónica habilitados al efecto: buzón 060, DEH, portal
de la Agencia Tributaria, etc

ELECTRÓNICAS: EN PAPEL ORDINARIO O EN FORMATO ELECTRÓNICO.”

Realmente, da igual el canal por el que nos llegue la notificación, porque en
todos los casos disponemos de unos plazos reglamentarios para recibirlas y
darnos por notificados.

Al igual que tendremos sanciones por retrasarnos en la presentación de
cualquier modelo tributario, también son sancionables los retrasos en la
atención y respuesta a estas notificaciones.

En el caso de las notificaciones por correo postal certificado, el problema es menor, dado que
aunque no nos encontremos en nuestro domicilio, o bien no nos apetezca recibirla, el servicio
de correo nos deja un aviso en nuestro buzón de casa. Por tanto, parece obvio que es bastante
sencillo darse por avisados de que la Agencia Tributaria nos ha enviado alguna
notificación.

El problema puede aparecer en el caso de las notificaciones electrónicas o
telemáticas. Aunque el sistema es idéntico al anterior, no existe un buzón físico, sino virtual, donde quedan almacenados los avisos de notificaciones, y una vez
abiertas, las propias notificaciones.

Sólo que, en el caso de los buzones virtuales o electrónicos, no es tan obvio ni
sencillo el darse por avisado. A veces nos pueden pasar desapercibidos, mezclarse con otros avisos, pasar a bandejas o carpetas menos visibles, ser
borrados accidentalmente, etc… con las consiguientes consecuencias a todos los
niveles, por el hecho de no haber sido atendidas y respondidas.

“PERSONAS FÍSICAS: PAPEL ORDINARIO POR CORREO POSTAL CERTIFICADO.”

“PERSONAS JURÍDICAS: NOTIFICACIÓN ELECTRÓNICA EN BUZÓN VIRTUAL”.

– “PLAZO PARA RECEPCIONARLAS O RECIBIRLAS Y DARSE POR AVISADO: 10 DÍAS.”

Por comunicaciones y notificaciones electrónicas nos referimos a un
procedimiento establecido legalmente mediante el cual las comunicaciones y notificaciones
que se realizan por la Administración Pública, en nuestro caso concreto por la Agencia
Tributaria, a determinadas personas físicas, jurídicas y entidades se hacen a través de Internet, quedando obligadas estas personas y entidades a recibirlas por esos medios electrónicos.

Se regulan por el Real Decreto 1363/2010, de 29 de Octubre, que establece una nueva forma
de notificar a través de Internet en una dirección electrónica habilitada (DEH), que es, por así
decir, el equivalente en internet a la dirección postal. Además, asociado a la dirección, el titular
de la DEH debe disponer de un buzón electrónico en el que recibirá las notificaciones de los
correspondientes procedimientos que tenga con la AEAT.

Se van a realizar por esa vía todas las comunicaciones y notificaciones administrativas que la
Agencia Estatal de Administración Tributaria realice en el ejercicio de sus competencias a las
personas obligadas a recibirlas.

Se pueden recibir, por tanto, todas las comunicaciones y notificaciones que efectúe la Agencia
Tributaria en cualquiera de sus actuaciones y procedimientos tributarios, aduaneros y
estadísticos de comercio exterior y en la gestión recaudatoria de los recursos de otros Entes y
Administraciones Públicas que tiene atribuida o encomendada.

En todo caso, se excluyen de este régimen las notificaciones pertenecientes a la tramitación de
las reclamaciones económico-administrativas.

Como puede verse, la notificación electrónica se convierte en la forma habitual de notificación
de las actuaciones de la Agencia Tributaria.

“RECHAZO O NO RECEPCIÓN EN ES EL PLAZO QUE PRODUCE DIFERENTES CONSECUENCIAS.”

“POSIBLE SANCIÓN PECUNIARIA DE HASTA 600.000 EUROS POR RESISTENCIA, OBSTRUCCIÓN, EXCUSA O NEGATIVA A LAS ACTUACIONES DE LA AGENCIA TRIBUTARIA.”

Desde hace unos meses, la AEAT puede sancionarnos con
hasta 600.000 euros por no revisar al menos cada diez días
las notificaciones electrónicas obligatorias que llegan a la
bandeja de entrada. Así lo ha estipulado el Tribunal
Económico-Administrativo Central (TEAC), en una resolución
de junio de este mismo año.

Según esta resolución, bastaría con que el contribuyente
haya sido informado de su inclusión en este sistema de
notificaciones electrónicas para que esté obligado a prestar atención a los correos, con esta
frecuencia mínima.

Esta frecuencia mínima tiene que ver con el plazo legalmente establecido para recibirlas, que
es de 10 días. Por tanto, si no consultamos nuestro buzón electrónico con esta frecuencia
mínima, corremos el riesgo de que nos haya llegado alguna, no habernos dado por enterados, y no recibirla y atenderla debidamente.

La notificación surte efectos legales desde el momento del acceso al contenido del acto
notificado, o bien, si este acceso no se efectúa, por el transcurso del plazo de 10 días naturales
desde su puesta a disposición en dicha dirección electrónica.

Es decir, si transcurrido el plazo de 10 días naturales desde su puesta a disposición en dicha
dirección electrónica, el destinatario no ha accedido a la misma, la notificación se entiende
practicada y así constará en el buzón electrónico.

El plazo comenzará a contar a partir del día después de su puesta a disposición. Por ejemplo,
las notificaciones que se pongan a disposición el día 1 entre las 00:00 y las 23:59 y no hayan
sido recogidas, se entenderán notificadas automáticamente el día 12.

Y la consecuencia sería igual a la de rechazar la notificación en papel de la AEAT que nos trae
el cartero o como no ir a recoger a la oficina de correos la notificación con el aviso de correos
que deja el cartero.

En definitiva, si la notificación electrónica se lee es como si se firma el acuse de recibo de la
carta certificada que trae el cartero. Y en el caso de que fueran rechazadas expresamente o
hubiera expirado el plazo de 10 días sin haberlas leído, la notificación se entiende practicada y
surtirá plenos efectos legales, con las consecuencias a que nos referiremos después (Preclusión
de plazos).

Transcurrido el plazo de 10 días desde la citada puesta a disposición, al contribuyente se le
vedará el acceso al contenido de la notificación. No habrá ulteriores intentos de notificación
personal, y en su caso, por edictos, como hasta ahora.

“PRECLUSIÓN DE PLAZOS: LA NOTIFICACIÓN SE ENTIENDE PRACTICADA Y SURTIRÁ PLENOS
EFECTOS LEGALES.”

El sistema de notificación electrónica, en principio, acredita la fecha y
hora en que se produce la puesta a disposición del interesado del acto objeto de notificación, que tendrá lugar mediante la recepción en la DEH asignada al destinatario del aviso de la
puesta a disposición de la notificación. Igualmente, el sistema acredita la fecha del acceso del
destinatario al contenido del documento notificado o en que la notificación se consideró
rechazada por haber transcurrido el plazo legalmente establecido.

Por último, en los casos en que el mal funcionamiento del sistema de notificaciones
electrónicas, bien por causas imputables al obligado, o, especialmente, por causas imputables
a la Administración Tributaria, cabría la posibilidad de recurrir aquellos actos administrativos
que impliquen indefensión o un mayor coste para el administrado, por no haber recibido
correctamente por vía electrónica el contribuyente la notificación en cuestión.

De manera particular, la resolución del TEAC establece que, habiéndose entendido rechazada
la notificación de un requerimiento de información, como consecuencia de no accederse a su
contenido, en los términos previstos en la normativa reguladora de las notificaciones por
medios electrónicos, puede concurrir el elemento subjetivo necesario a efectos de imponer la
sanción por la infracción tipificada en el artículo 203 de la Ley General Tributaria, sin perjuicio
de que puedan apreciarse, en su caso, las circunstancias de exoneración de responsabilidad a
que se refiere el artículo 179 de la misma norma.

En caso de no haber atendido a determinadas notificaciones electrónicas, las multas pueden
alcanzar los 600.000 euros. El motivo, según el TEAC, es que estas infracciones pueden
considerarse faltas graves de resistencia, obstrucción, excusa o negativa a las actuaciones de la
Agencia Tributaria.

Pero la única consecuencia no es la sanción que nos puedan imponer. El sistema de
notificaciones electrónicas está ya plenamente vigente, desde hace mucho tiempo, y si no
sabemos cómo funciona podemos llevarnos la desagradable sorpresa de que la Agencia
Tributaria nos haya impuesto una sanción, nos haya rechazado un recurso o haya acordado el
embargo de las cuentas de nuestra empresa sin habernos enterado y, lo que es más grave, sin
posibilidad de recurrir contra estas decisiones.

La principal consecuencia de no recibir, por causa del contribuyente, o de rechazar, una
notificación electrónica es la misma que la de no recibir o rechazar una notificación ordinaria
en papel: la preclusión del trámite que corresponda en el procedimiento, o lo que es lo mismo,
la pérdida de la posibilidad de realizar dicho trámite.

La notificación del acto administrativo es una condición de su eficacia y, por tanto, si el
destinatario no recibe la misma (por descuido, por olvido, por error o por ignorancia) puede
encontrarse con la aplicación del tajante principio administrativo del “acto firme y consentido”, y con la consecuente pérdida del derecho o de la posibilidad de alegar o recurrir la decisión
administrativa.

Si por ejemplo la AEAT nos remite una notificación electrónica comunicándonos que inicia
contra nosotros un expediente sancionador y nos concede un plazo para presentar alegaciones
y proponer pruebas y nosotros no recibimos esa notificación, perderemos la posibilidad de
realizar alegaciones y de presentar a la Administración pruebas en nuestra defensa; con lo que
la Administración nos impondrá una sanción sin habernos podido siquiera defender.

También puede ocurrir que la AEAT nos envíe una notificación electrónica, comunicándonos
que inicia contra nosotros un procedimiento de apremio y que va a embargar nuestros bienes. Si no recibimos esa notificación electrónica, o rechazamos la misma al acceder a la DEH, podemos encontrarnos con que se nos embarga parte del sueldo, el saldo de una cuenta
bancaria o incluso nuestro coche o vivienda sin haber tenido conocimiento de ello y, lo que es
más grave, sin posibilidad de recurrir esos embargos, por haberse pasado los plazos
legalmente previstos para ello.

Como puede verse, por tanto, aunque las consecuencias legales de no recibir, o de rechazar, una notificación electrónica son las mismas que si no recibimos o rechazamos una notificación
ordinaria en papel, las consecuencias en la práctica son mayores sencillamente porque las
notificaciones ordinarias o tradicionales, al menos inicialmente, nos llegan directamente al
domicilio; y si éste es correcto, toda la carga de realizar las notificaciones, y las consecuencias
de su realización defectuosa, recaen sobre la Administración.

Sin embargo, el sistema de notificaciones electrónicas traslada toda la carga del
funcionamiento del sistema al contribuyente, que tiene que disponer, a su cargo, de los
medios informáticos y de las conexiones a internet necesarias para que las notificaciones
puedan realizarse y que, además, debe procurar que dicho sistema esté siempre en perfectas
condiciones de uso; para garantizar que las
notificaciones lleguen.

“ACTO FIRME Y CONSENTIDO, CON LA CONSECUENTE PÉRDIDA DEL DERECHO O
DE LA POSIBILIDAD DE ALEGAR O RECURRIR LA DECISIÓN ADMINISTRATIVA.”

“PARECE MÁS FÁCIL QUE UNA NOTIFICACIÓN ELECTRÓNICA PUEDA
PASAR DESAPERCIBIDA, A QUE LO PUEDA HACER UNA NOTIFICACIÓN POSTAL”